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Mediocridad

Como parte de un estudio que estoy haciendo sobre ciencia y tecnología en América Latina, durante las últimas semanas he revisado libros y artículos escritos hace tres decenios. Es revelador revisar material que ya olvidamos, pero que fue muy importante en nuestra formación profesional. Al hacerlo me encontrado con muchas sorpresas.

 

Entre las joyas que he redescubierto está una entrevista a Jorge Sábato hecha en 1982. Además de brillante físico, metalurgista y promotor de la ciencia y la tecnología, Sábato era un demócrata cabal, enemigo de las dictaduras, y ácido comentarista sin pelos en la lengua. Su pasión por la excelencia está retratada en este comentario sobre algunas autoridades en la Argentina de esa época:

 

“Este es un país que avanza y retrocede permanentemente, lo que produce enorme cansancio y esfuerzo para dar un pasito…. En el terreno de la ciencia y la cultura las mayores dificultades provienen de lo que he llamado la conspiración de los mediocres. La mediocracia probablemente ha sido, y es, una enfermedad más grave… que la aristocracia, la oligocracia, la plutocracia…. Yo le tengo más miedo a los mediocres, primero porque son más, segundo porque viven más y, además, se disimulan más. Uno cree que no están, pero, siempre están…
… aquí no hay debates por nada, no hay polémicas por nada. Las discusiones no son tales, son acusaciones … no se escribe sobre las ideas del señor Sábato, Pérez o García, se escribe sobre el señor Sábato, el señor García … Los mediocres impiden el debate … no quieren debate, porque el debate ilumina las diferencias e inmediatamente se ve quien es mediocre y quién no.”

 

Sábato tiene razón. Lo que dice sobre Argentina se aplica también en el Perú y en muchas otras partes. ¿Cuántas veces hemos visto a los mediocres degradar los debates sobre ideas con insultos personales?, ¿intentar descalificar al adversario para esconder su pobreza de argumentos? , ¿Escudarse solemnidades, ceremonias y títulos rimbombantes, sobre todo en el sector público, para evitar cuestionamientos? Lamentablemente, lo hemos visto demasiadas veces.

 

La mediocridad es como una plaga contagiosa que no tolera el talento y el éxito ajeno, y que busca reducir todo al mínimo común denominador. Esto es mucho más grave en las actividades en que la excelencia es un prerrequisito esencial para el buen desempeño —investigación científica, desarrollo tecnológico, creación artística, trabajo intelectual, producción cultural. Los funcionarios públicos en estos campos deben estar dispuestos a apoyar a quienes son mejores que ellos, rodearse de los profesionales mejor calificados y con más experiencia, y no sentirse disminuidos por tenerlos a su lado. Lástima que esto sea algo muy raro en nuestro país.

 

Jorge Sábato. Ensayos con Humor, Buenos Aires, Ediciones de la Urraca, 1983, pp. 16-17.